Tacto

manos, calor, amor, fiel, cerca, vivo, luz

LAVA

LAVA

Y por qué, quién lo sabe, para qué contarlo… La perfección no se vende ni oculta en frascos de ningún tamaño ni cristal. En una Venezuela de hace casi medio siglo Mariela traía al mundo a un bebé, que no ha dejado de serlo. Creció rodeada de todo el amor que es posible, de los complejos que se heredan, de los que se adhieren… Niña, siempre Niña, pero con la madurez de cien vidas entregadas.

Había terminado la carrera de derecho, y su primer regalo en forma de Niño llegaba a sus brazos. Cambiaba sus juegos con las otras jóvenes universitarias, por la responsabilidad de un amor correspondido, real… Hoy, después de veintiséis años, el Niño es un hombre. Enamorado de su madre, amante de su casa, y de su nuevo nido, en el que colocará todas las pantallas de la tierra,

en busca de una entrada a Orión por la puerta trasera, porque tiene miedo a entrar por la del príncipe, por la grande, por la de los acontecimientos y hombres inolvidables. Es producto del amor de aquella infancia de locura responsable, sin límites. Y, ¡si me tengo que operar, lo hago… sólo por Amor!

Pero nunca hay uno sin dos, y el amor es capaz de construir nuevos sueños, que acaban reencarnándose en seres maravillosos que pululan por nuestras vidas. No son producto de las locuras del Guionista, son la materialización de la teoría de Albert Einstein: E=mc2. Porque la muerte no es más que la aplicación de las matemáticas y la física al uso, no hace falta irse a la cuántica.

Todo es más real, universal, y en fondo mortal. La llegada del segundo hijo coincide con las primeras convulsiones en una Venezuela que se desangra de dolor. No era el Pequeño, era el primero del segundo, o el segundo del primero… ¡Que tanto monta! Salieron corriendo… ¡vende y vámonos!

¿Y lo que queda! Queda mi corazón, mi vida, mi engaño, mi realidad, una verdad que siempre me acompañará, doce años de duelo sin pistolas, duelo de amor y odio, soledad de llanto y calor. Amor arrepentido, locura de ‘perros’ que heredamos la genética no aprendida…

El día de San Sushi nos pudimos encontrar en una de las naves que salía de la Tierra, su destino era El Corte Inglés… ¿Por qué? Estaba pretendida, prendida, agarrada, insoportablemente dedicada a ellos, a ellas… a las y los suyos… una madre de treinta y tantos, con hijos de veinti muchos… ¡Que me lo expliquen! Sólo un Hada, un ser de luz, una persona capaz de amar, perdonar, comprender, apoyar, ayudar… y todo a la espera de un ¡gracias mi Amor! Si todos los padres les pusiesen a sus hijos el nombre que sueñan, los volcanes se llenarían de LAVA, que es uno de los pegamentos más fuertes que es capaz de recuperar, restaurar y anular los recuerdos del dolor con un infinito amor. TT.

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