Olfato

Bruno siempre me gana encontrando galletas

Panamá

Una ciudad. Todo comenzó en el hotel Bristol. El nombre del hotel le recordaba a Mikel. El olor de las sábanas a Lisboa. Sólo era sexo… juramentos de labios blancos, cosidos por el amor oculto de su madre que nunca la quiso, sólo la envidió.La Ciudad reúne todo lo que puede ser bonito, agradable… desde el Bristol quería saltar al vacío. Pedí que me cambiasen, y lo hicieron de maravilla, al piso catorce, para que no dejase dudas el vuelo sin motor.

Llegó Papá Noel, y dejó en la terraza, de colillas y tabaco, una bonita camisa para ella, y un bolso para él. Ella estaba allí, su cabeza no. Él estaba con ella, su corazón herido, no. Y visité a solas y en silencio la gran obra, e intenté ponerme en contacto con mis venezolanos para poder entrar en la casa de Maduro y pedirle que se fuese, y no les matase de sed de libertad y de hambre de barriga vacía. Volvimos, contraté una inutilidad congénita de carácter nauseabundo, bunda… ésta es otra historia…Con la mentira en la cara, con la necesidad de encontrar un nuevo camino, trufado de gaferío, porque el que lo es, es hasta la tumba. Con un interés desmedido… ¿conseguirá otra pensión? Catorce años miccionando en uno inoxidable. Siempre lo pagaré.

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