Olfato

Bruno siempre me gana encontrando galletas

DE BANCARIO A MAQUETADOR

Hay una parte que no contaré de momento, porque tengo recuerdos muy cruzados y he de ordenarlos. La verdad es que el mundo del periodismo siempre me fue ajeno. De lo que más estudié fue Derecho, y de nada me sirvió, bueno o de poco. Entré a trabajar en el banco Hispanoamericano como ventanillero en una sucursal de Torrejón de Ardoz .

Mi sueldo eran poco más de 80.000 pesetas que serán unos 500 euros de hoy (no servía para alquilar nada, como ahora). Todos los días llegaba a la sucursal 1202 y en ella me encontraba con Raúl Mayo Buergo (director), Luis Vicente Cañas Díaz (jefe de oficina), Carlos Chercoles (ordenanza), Pedro no se qué, que era el cajero y uno de seguridad que cambiaba casi todos los meses. Lo del Banco era un coñazo.

Las marujas venían por la mañana y me pedían que les rellenase los reintegros y preguntaban de todo lo que veían a su alcance. Un día una señora entró en la 1202 y preguntó a uno de mis compañeros que, qué era un Warrants, y él contestó que se trataba de un candado que te daban cuando hacías una imposición… jajajajaja… ¡menudo merluzo!

Se lo conté a mis hermanos, que estábamos muy piña, y le pedí a Luis que me dijese qué tenía o podía hacer para entrar en el mundo del periodismo, porque lo de la banca me daba nauseas.

Me puse a trabajar una revista de Comunicación Interna a la que llamé Entorno Hispano.

Se la mandé al Presidente, Claudio Boada, y me llamó a la sucursal para alentarme, agradecerme el esfuerzo y la idea y pidiéndome que fuese a ver a Moncho del Corral para presentarle el trabajo. Me ahorro una reunión que nunca olvidaré, pero en la que vi lo peor de la condición humana. Mi hermano Luis me propuso que trabajase de fotógrafo, y le dije que con mi ‘mala leche’ alguno se tragaba el objetivo. Claro, llegarían tarde, como las viejas de antes a la Misa de 12, y querrían tener el primer plano. Como soy madrugador y muy responsable sabía que no iba a funcionar, llegaría el primero... me habló del noble arte de la maquetación, esto me pareció más interesante. Me marché a la Universidad de Navarra a un curso muy potente de maquetación, diseño… y acabé dando una conferencia… jajajajaja…

Allí conocí al director del Canarias7, José Luis Torró Micó, que andaba hace poco en las tierras valencianas con lío (ya os podéis imaginar). Me ofreció un contrato de 200.000 pesetas, y me marché a Canarias por dos meses. Me lo bebí y fumé todo, y volví a Madrid. Por aquel entonces estaban las salidas de El Mundo, El Sol… Hablé con Vladimir Soetser que era un gran conocedor del mundo Mac y me marché con él a El Sol de Germán y su efebo. Allí me enteré de lo que estaba por llegar… jajajajaja…

Mi hermano trabajaba como becario de 25.000 pelas, 150 euros, y estaba encantado.

Había entrado en el diario económico Cinco Días, de la mano de su entonces director, Javier Ayuso Canals, al que conocía a través de Félix Beltrán Delgado y Coco, su suegro y cuñado. Javier se fue y llegó Luis de Benito. Un periodista de una pieza, gran persona, pero poco conocedor del mundo económico. Le pedí que me dejase ir a la mesa de maquetación a aprender, coincidía con que me había caído y roto un tobillo, y aproveché para aprender a maquetar. En menos de un mes desde mi llegada, desembarcaron los chicos del Grupo Prisa, que venían con Ernesto Ekaizer al frente a hacer un gran periódico económico.

Se querían comer a Expansión, y no se comieron un colín. La mesa de maquetación, edición… estaba pegada a la puerta de Ekaizer, y salió de su despacho y se interesó por la nutrida mesa, en la que recuerdo a Diego, Alejandro, Melges… y una tal Rafaela que intentó ligar conmigo, y que me causó una gran depresión… No, no… jajajaja… En la mesa estaba Antonio de Miguel, David Rojo, Roberto Castro y el que suscribe.

Antoñito, al que quiero mucho, me dijo que buscaban un maquetas en Inversión 16, que llamase al entonces jefe de la sección que creo se llamaba Javier… Le llamé, me preguntó si sabía y entendía de color, de plano, de cierres de revistas. Le dije que era el mejor, y que si dudaba preguntase en Cinco Días. Me presentó al director de la publicación, Carlos Humanes, y a los hermanos Strocen, que eran diseñadores en varias publicaciones. Unos tipos muy majos y trabajadores.

Carlos era un hombre extraordinario, un gran periodista y un mejor amigo. Siempre le querré.

Me mandaron a cerrar la revista y lo hice, pero me equivoqué, el trabajo era para una semana, y lo había cerrado en una noche, lo que dejaba en muy mal lugar a mi jefe. Me di cuenta de la cagada, pero me daba igual. Había hecho mi trabajo y los ferros estaban encima de la mesa del director, con sus pruebas de color… Fue al día siguiente cuando me llamó Ernesto y me preguntó por qué no había ido a firmar el contrato con Esther de personal. Me habían propuesto trabajo por 250.000 al mes, pero Carlitos Humanes me daba 350.000, además me gustaba más la revista, y el talante de su director… Pero, qué pensaría mi jefe. Javier me pidió que me fuese, que le había dejado en evidencia y me dijo que le había jodido el fee de los cierres, cogí la puerta, y sin decir nada a mi querido Carlos, me marché. Le dije a Ekaizer que por supuesto, que volvía, pero con la condición de que me quedase en el cierre, no soportaba estar todo el día viendo como se tocaban las pelotas mis ‘compañeros’ de mesa.

David, Antonio, Roberto y yo nos pasábamos el día entre la redacción de arriba, la de abajo (visitando a las churris del momento) y en el taller. David me llevaba a caballito y nos descojonábamos por la redacción. Mi trabajo en Cinco Días fue muy importante, hice grandes portadas, aprendí muchísimo del loco Ekaizer, que era un maestro, pero se le iban los cierres de hora. Los subdirectores eran una fauna a tener en cuenta. Jesús Mota, entonces fumador empedernido, un capullo considerable, y un tipo que no tenía pelos en la lengua para descalificar y cachondearse del ajeno, y de sus complejos y dolor. Estaba bueno para callar el puto gorrino. Alberto Martínez que acabó en Telefónica, Mota le llamaba el Cabezón, pero, Alberto siendo un acojonado ante las propuestas de Ekaizer, era un ser humano.

Otro que anduvo por allí y nos enseñó mucho fue Carlos Bradac. Un gran profesional atado a su atormentado pasado, pero que sabía todo sobre el noble arte del periodismo, le enseñé a pedir el bocata de la noche. El bocata empezó siendo un montado, y terminó en cenas pantagruélicas. Un día Ernesto Ekaizer me llamó a su despacho y me dijo que Paco el Maquetas, que era nuestro director de arte, se volvía a El País, y que quería que me hiciese cargo de la sección.

Le dije que había entrado hacía muy poco tiempo, que no era licenciado, y que en la mesa había varios, y que lo iba a hablar con ellos.

Nada más comentarlo, Rafaela se levantó se fue al despacho de Ernesto y salió como nueva jefa de sección, puesto que creo, desempeña 25 años después. Jajajajajaja… que poca vida. El adelantamiento por la derecha y una discusión hizo que Ekaizer me mandase a casa a pensar. En la redacción estaban muchos de los mejores. Destacar como Marisa Navas con su Ducados en la comisura, llevaba la sección de empresas y lo hacía con mano izquierda y con un número de inútiles que no sabían ni titular sus textos. ¿Verdad Ricardo? Marisa fue una verdadera inspiración para muchos, era una mujer, tenía más cojones que el puto Mota, y negociaba con Ekaizer y no se dejaba torear, vamos lo que viene siendo una profesional.

También recuerdo a Juan José Berganza del Agua, a David González Adame, a Torrecilla, a Nevado… A todos los del taller, a los de la imprenta… ¡Ah!, a Alejandro Dueñas Cobeñas… Al final Ekaizer decidió que me tenía que ir a casa para más tiempo, y Adame entró en su despacho y le dijo que yo era el que mejor trabajaba, que tenía en Cinco Días a mi hermano, cuñada, mujer… David González Adame me dijo que en El Nuevo Lunes buscaban maquetadores para las revistas externas.

Me fui a ver a Manuel Jular Santamarta que era el jefe de diseño. Hice una especie de examen al lunes siguiente que el resto de aspirantes, le pedí tres días para arreglar mi salida de Cinco Días.

Estaba en la puta calle, pero tenía que enterarme de cómo usar el Mac como un profesional, a través del teclado. Le pedí a mi amada Madre que me acompañase a El Corte Inglés, y me compré por 168.000 pesetas un Mac con pantalla de 12 pulgadas, poco más que un teléfono. Pero lo que necesitaba eran los tutoriales, Interné no existía para el común de los mortales. Me comí literalmente los libros y en tres días manejaba el Mac mejor que Steve Jobs.

Hice el examen y Marivi Casanueva, que era la jefa de El Nuevo Lunes me pidió que me reuniese con el gerente. De éste no recuerdo el nombre, sólo que sudaba y mentía como un bellaco. De lo que me dijo, nada de nada. Que me pagaban en B, que tenía que hacer con Jular el rediseño del diario, y trabajar en las páginas del semanal de la casa. En menos de seis meses me fui de los brazos de Rosa del Río, a la que recuerdo con cariño después de salir de allí, y de que Hacienda me metiese una patada en el culo. Al final no sé que hicieron, pero no gané un chavo. Me daba igual, había tomado una decisión que cambiaría mi vida.

Quería crear mi propio medio de comunicación. Llegué a casa, Lucas acababa de llegar a la Tierra desde su cápsula, y aunque lo tenía todo, mi amor, el amor de mi vida, mi niño, a él no le podía faltar nada. Le dije a su mamá que quería poner en marcha en Pozuelo un periódico gratuito, y me mandó a Aranjuez. ¿Por qué la haría caso?...

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