Olfato

Bruno siempre me gana encontrando galletas

MI DEBUT: UN SUEÑO INTERRUMPIDO

MI DEBUT: UN SUEÑO INTERRUMPIDO

En primer lugar decir que no soy médico ni nada parecido, que lo más cerca que he estado de un hospital es cuando, como todos, he estado malito. Y lo que cuento en esta página es y son mis experiencias, y aquellas que terceros me autoricen a publicar y contar.

Esto de ser Diabético es harto complicado. Los médicos le quitan importancia para relajarnos, pero saben que es una enfermedad silenciosa y muy destructiva.

Debuté con 33 años, y me sobrevino una pancreatitis que casi me mata. Mis triglicéridos estaban en 1.700 y el doctor Fernando García-Hoz, uno de los mejores internistas de esta loca España, me tuvo sin comer ni beber durante casi una semana. Esperaba una catarsis y se produjo, pero la herencia genética se ponía en marcha y me diagnosticaban como DIABÉTICO TIPO II.

Mi mujer de entonces me decía que comía como un animal y que me iba a dar algo, razón tenía, pero aquí seguimos después de 22 años. Más flaco (Ramón Requejo Castillo, afamado diabetólogo de Albacete), lo describe como la COMSUNCIÓN DEL DIABÉTICO. De repente me veo más pequeño, pero no más flaco, peso lo mismo siempre, pero hay veces que parece que me he comido a mi hermano gemelo, y otras, no me encuentro.Los médicos me preguntaban si dormía de un tirón, y sólo me acordaba del olor de la ácido cetosis, y de sus cuerpos cetónicos. Nunca tenía una hipoglucemia, luego estaba de maravilla… ¡MENTIRA! Lo que estaba era por las nubes, y estar en 120 me producía hipos, hoy con 60 estoy manejándome sin problemas. Mis rangos han descendido, y aunque me tengo que tratar como un Diabético Tipo I, no me importa porque estoy mejor, mucho mejor. El control es esencial para vivir como un buen AZUCARADO.

Pero el sueño durante los descontroles se reduce a dormir lo que el cuerpo te deja, hay días que mal y otros peor. Y, si al día siguiente tenemos un problema encima de la mesa, la cosa se agrava, porque siempre diré que para mí es peor un disgusto que un kilo de pasteles bien azucarados.

HIPOS E HIPER

Llegar al cielo y quemarte las manos… ¡El infierno!

Los Diabéticos andamos en un negocio que desespera a cualquiera por centrado que se sea. Pasamos de estar a las puertas de un coma diabético con 50 como lectura animada, y al rato, si vienen los del SAMUR del Ayuntamiento de Madrid, nos dejan en 350 del tirón. O sea, salimos de una hipo y nos suben a lo más alto. Casi me revienta la cabeza, y el corazón trabaja como un loco para bombear lo que haga falta… La piel empieza a romperse desde dentro, pica, y sale una especie de soriasis que los dermatólogos no entienden, ni les preocupa, al menos a los que he conocido. Y la piel, el órgano más extenso de nuestro cuerpo sufre mucho con los cambios de tendencia. Se seca, duele, se estira…

HIPOGLUCEMIA

Para mí la HIPOGLUCEMIA es una parte de la Diabetes inherente a la enfermedad y que lleva a los que la padecemos a las puertas del SUEÑO DE LA MUERTE, a la paz eterna sin paradas de por medio. ¡He visto la luz! EXISTE.

CÓMO SE ME MANIFIESTA

Y digo ME, porque cuento mis experiencias… Puedo comenzar a sentir una hipoglucemia con unos pequeños temblores internos, imperceptibles, pero que me hacen dudar si la escalera sube o baja, o ¿seré yo el que se mueve? Un frío intenso recorre mi cuerpo, y unos escalofríos anuncian la llegada de la DUCHA FRÍA. Consiste esta nueva modalidad de ‘ducha’ en una concentración de un líquido que no es exactamente sudor, es como un gel frío que se mantiene y te traspasa. Como tengo poco pelo, en mi cabeza asoma el gel que inunda todo mi cuerpo, hasta el punto de mojar toda la ropa de arriba abajo, y los asientos… No huele, no es desagradable, pero es muy alarmante. La llegada del ‘gel’ anuncia la segunda parte que es que me voy dando cuenta como mi cerebro desconecta todos los periféricos: Manos y pies helados, parón del peristaltismo de mis tripas, enfriamiento espontáneo, mareo, pérdida de conciencia, y al suelo. ¡Me han llamado borracho en el aeropuerto de Barajas porque me iba cayendo!

CÓMO SALGO

Si alguien, en este caso mi compañero y amigo Bruno está en el entorno, viene y se sienta al lado de mi tripa, muy fuerte y se pone muy mimoso. Nadie le ha enseñado pero nos conocemos desde hace 7 vidas, como los gatos… Y me avisa de lo que está por llegar, me tomo una pieza de fruta, o una galleta sin azúcar (JAJAJAJAJAJA lo de sin azúcar) y lo remonto sin tener que bajar a las puertas del infierno. Pero, si caigo en el pozo de la hipoglucemia, tenemos que llamar al SAMUR. En Madrid hay dos: El del Ayuntamiento que como he podido comprobar funciona como un poco raro. La última vez fueron a casa, me llevaron todo tipo de aparatos analógicos que no se para qué eran y, le preguntaron a mi mujer si teníamos azúcar en casa. Ante el sí, el médico le pidió que trajese el saco de azúcar, un vaso y agua. Por la mitad amontonó el blanco veneno, añadía dos sorbos de agua y me dijo: ¡Tómatelo! Al pronto me lo llevé a la boca… ¡Estaba SALADO! ¡que asco! Se lo hice saber al galeno desde una nube en la que no decía más que tonterías. Y, es verdad que a mi me sabe salado, no me lo puedo tragar… Cuando salieron de casa estaba en casi 400. Me habían sacado de una hipoglucemia y casi me revientan. Durante más de una semana no controlé los niveles, me había fastidiado, porque no saben controlar a los diabéticos.

Mi primera hipoglucemia fue en Turquía, luego os lo cuento. Pero la que me dio en Madrid, de las duras de verdad, me sacudió en el trabajo, llamaron varios compañeros al SAMUR, y vinieron los de la Comunidad de Madrid. Traían dos bolsos de mano, venían tres personas: Un conductor que sabía todo, una enfermera que estaba preparada hasta para hacerme una reanimación, y un médico que contaba con el conocimiento suficiente y las buenas artes como para parar a todos los que estaban a mi alrededor, y sacarme con una mini botella milagrosa de Glucógeno, creo que se llama… Subí a 180, mala cifra porque el riñón empieza a eliminar la glucosa, pero muy fácil de bajar y controlar en pocas horas. Profesionalidad, medios y realidad palpable. Evidentemente otros tendrán la experiencia contraria. Pero, esta es la mía.

HIPERGLUCEMIA, TOCANDO EL CIELO CON LAS YEMAS DE LOS DEDOS

La hiperglucemia es fácilmente deducible que es lo contrario a la hipo. En lugar de quedarte tirado por el suelo y sudado, estás en lo más alto… Pero, el problema es que podemos reventar, es tan malo por abajo como por arriba, pero siempre mejor por abajo…

CÓMO SE ME MANIFIESTA

Me encuentro en un punto en el que las luces se convierten en algo que es medio fluorescente, y me coloco unas gafas, y no hacen nada. Y todo se llena de destellos, y me mareo, y siento mucha presión en ‘las patillas de las gafas’, y me duele la cabeza… Muchas ganas de hacer pis, mucha sed, sin sudor pero con desesperación… No sé si me explico. Y los efectos me pueden durar días, aunque aparentemente todo se habría pasado. A mi me cuesta mucho más controlar una cifra alta de glucemia que una baja. Los altos te vuelven loco. Mi cerebro se parte en cinco y cada parte trabaja para levantar su área y la de al lado. Y se bloquean mis pensamientos, y todo se convierte en agua para chocolate… Y, siempre me viene una imagen fija, algo que me desespera.

CÓMO SALGO

El efecto HULK

Malamente, porque dura mucho, y es cuando me doy más cuenta de que estoy jodido. Las hipos son como la muerte por borrachera de anhídrido, como aquellos que limpiaban las cubas de vino y caían al fondo y morían con cara de felicidad… o los resignados mineros. Pero la hiperglucemia me crea un rebote interno que me hace que me coma a dos guardias de la Montada de Canadá de un bocado, te vuelves loco. Porque tu sistema inmunitario no es capaz de defenderte, y te transformas en algo que nada tiene que ver contigo. Es el que yo llamo efecto Hulk. Te pones verde, sale tu hermano el malo, y se lía parda. Lo único que puedo hacer es salir a caminar con fuerza y cuidado para no caerme, y cuando rompo a sudar, bajo el ritmo y me vuelvo a casa. Me hago una prueba y casi siempre estoy en límites razonables. Y, si no lo consigo me meto cuatro o catorce unidades de insulina, y a por otra. Siempre pensando en que esa decisión no me lleve de nuevo a una hipo. Seguro que alguien que esté enfermo en su casa no me entenderá, pero comiendo como comemos, corriendo todo el día, con mil problemas en la cabeza… ¡me tengo que jubilar YA!

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