Olfato

Bruno siempre me gana encontrando galletas

AVATAR

Los ingresos y sus tablas de cotización eran lo de menos. Su jefa, una médica metida a adivinadora la había robado el objeto de sus secretos, un celular en el que estaban grabadas las fotos, conversaciones… ¡Si no fuera porque en este momento estoy planchando te comía!, como algo fino, de las finuras que se pueden mandar con un BORRA detrás.

Es curioso como los seres humanos conectan de las formas más diversas. Me contaba mi amigo Pedro que a él, haciéndole un masaje en las orejas se le habían metido dentro. ¡Menudo tarado!, me dije. Y, hablando con gentes que se dedican, desde el punto de vista empírico, lo reconocen, lo dicen y no se ocultan, como les ocurre a los del Sepla con los ovnis. Conexión realizada. Debe ser algo parecido a lo que vivimos en la película Avatar, te conectas con tu otro yo, y todo empieza a fluir.

Frases inimaginables llenas de acalorados besos, locuras de aparcamiento, porque no tienes donde conectarte con el tuyo.

Sombras que se levantan en la noche buscando agua para saciar el calor por dentro. Orgasmos en la cama con el contrario al lado, mientras piensas y te conectas… Mentiras repetidas, hasta que suenan a verdad. No es miedo, es que no eres capaz de cambiar lo malo conocido,por lo malo por conocer. A todos nos da miedo, a todos nos gustaría tener tetas de implante de primera. Pero los pechotes son para verlos, quererlos, cuidarlos y creerlos. Ella nunca fue al ginecólogo, y al final los implantes acabaron con su belleza natural. Yo, nunca se los cambiaría a mi Avatar.

En la playa, escondiéndose de los ojos de los cercanos. Yendo a caminar más de lo previsto. Siempre cerca del móvil, a ver si se le va a ocurrir decirme que nos conectemos. ¿Qué le cuento al torrezno?… así están la mitad de las playas a estas horas: Ellas bajan el culo con paseos interminables, contando a las amigas que el del año pasado sigue ahí, y que dice que la quiere. Otras callan porque ya van por la tercera felación y han pasado sus primeras vergüenzas, pero no lo van a contar. La primera vez en Canarias le costó entenderlo, pero la socia se lo explicó: ¡no ves que no se va a enterar, y que éste desaparece. Coño disfruta!

Da igual el tono de la canción o la melodía. Ella está en casa de otro, él llorando su pérdida. Ella está en casa, él se ha marchado a una reunión ultra importante y super secreta, está en las islas con ella… Y qué más da.

A los niños hay que darles siempre la razón, o cantarles:

Milhaus es un Pequeño.
Muy suave de cartón.
Se lava la carita con agua y con jabón.
Se peina los pelitos, con peine de marfil…

Y ponía carita, y lloraba. ‘Todo era tan tierno’

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