Oído

No hay peor sordo que el que no quiere oir

ORIÓN

Recuerdo de enano cunado bajaba con mi padre/madre a la compra (debería cambiar el orden), no existía el aire acondicionado al modo de mochila que mea en la cabeza de los viandantes, no estaban en las tiendas los vaporizadores… con suerte un ventilador que provocaba, al igual que las técnicas modernas una fuerte disentería.

Y, siempre el ‘bote’ de ORIÓN, un producto de eliminación instantánea (supongo que a través de gases venenosos) de bichos alados y rastreros, vamos esos que en breve nos van a ayudar a mantenernos en forma. Pasaremos del Jabugo a la cucaracha en sasimi o similar.

ORIÓN es también el Cinturón del que dicen que vinieron unos creadores de inventos y nos pusieron, como en Los Simpson, para ver hasta dónde éramos capaces de llegar. Pues al parecer no muy lejos. ¿Por qué no dejan a los nuevos cerebros, a los niños que sean ellos los que busquen la solución al algebra político/social/económico que se ha montado en un tablero lleno de agujeros?

Los que pueden de sus cuerpos salir y explorar, lo hacen, y me consta que son muchos. O eso al menos me cuentan mis cercanos al Cinturón. ¡Menuda puta paranoia! Y, ¿si es verdad? Y si fuésemos capaces de entrar en la habitación del que odiamos, de la amada secreta, del enemigo… y ver cómo duerme, de qué lado, ¿ronca?, ¿cómo es el baño? Jajajajaja… es fácil, ¿o no? Un día salía de casa a la búsqueda de otras sensibilidades… jajajajajaja… ¡qué paranoia! Algún día se sabrá la verdad, que no es otra que la que os cuento.

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