Oído

No hay peor sordo que el que no quiere oir

COMO YO PIENSO EN TI

Cuando los hombres dejan de decir cosas bonitas es que han dejado de pensarlas. El tormento acompaña a los seres humanos en esta mayoría de edad del DosMil, y dieciocho. No se nos apagó nada. Pasaron los meses, los días, las horas, los siglos, las temporadas, los temporales… .

Ella corría al Alba, las manos de su padre intentaban sujetarla, sólo dejaba marcas en su corazón. Atado a la fragua de un Vulcano con principios de neumática, hidráulica, cuántica, con k de kilo, de genuflexión, ante la incompetencia y el desconocimiento del verbo. Construcciones que llegan con una hora menos, hundidos en el mapa de la incompetencia de una sociedad miope aquí, ciega allí, y capada en todas las dimensiones mensurables. Utilización sin cargo, con pérdida de conciencia del daguerrotipo de la mentira, como verdad única e irrepetible. Reconocimiento del concepto Villa, villorrio, vilorio, valorio… ¡Atención gas! Ha sido infante de catorce días en pecho de niña de noventa

Cuando paseaba hace unos días por el centro del Cairo, en mis olores se mezclaban los sueños redondos, en los que desde mi chili chilout me lo vacilaban un vendaval incontenible de sarro y ‘yuleta’, ¿como la Romeo? no, santos; sí, sarro... me lavo la zona interna del escroto con refuerzo de agua de Solan. Eran otros momentos de secuestro de perro de presa, con pis y olor a parto moribundo. A ella se la llevaron por seis meses, nunca la devolvieron. Esperé, del verbo desesperar, en el muelle de SanBlas. Qué más da que sean niños, si lo que les gusta es follar… ¡saben más que su madre! Y, ¿quién les educó?… ¡la madre que te parió, y el que lo ladra! Cabalgamos y hemos escapado de las miradas. Quedó claro que los vecinos pudieron dormir, eso sí con la duda de si era un loco de atar, o era un cuerdo de invitar a la mesa del senior, para que allí, en directo con Fu y Mao (fundadores de la FMHerb) pudiesen encontrar una salida a la vida de alguien a quien metieron en un bote de lentejas.

Volvía la vista atrás desde mi escritorio. Acababa de cumplir 94 años. Nunca supe diferenciar cuál era el aroma, vapor, destilado, ánimo, paño, nube, aire. En mi sarcófago de piedra desde la Biblioteca de Alejandría, donde quedó el corazón de mi amada Anck-su-Namun.