Oído

No hay peor sordo que el que no quiere oir

CAMILA, ORTEGA Y GASSET

Llegó la primera de tres, esperada en su casa, en la barriga de una primeriza que la recibía con los brazos abiertos. Desde la morada en la que medía esos primeros dolores que acaban con la buena nueva, con la llegada y aterrizaje de alguien que viene a quedarse para toda la vida. Él no tiene la culpa. No somos dueños de nuestra vida ni de nuestra elección… ¡el libre albedrío ha muerto!

Si eres él o la mayor de un grupo, te conviertes en el hacedor, cuando no sirviente y vigilante de la prole. Y llegó el segundo, a la madre le sigue quedando grande, pero las buenas costumbres y las crianzas, no se deben perder por caprichos de querer ser uno mismo, y vivir la vida que se sueña y no la que corresponde…

Da igual qué hiciese o de quién se enamoró. Sus sentimientos, los de una adolescente aparecieron a flor de piel. Los padres de corte clásico y educación de catecismo a golpes no lo entienden. ¡Da igual! Ella es Ella, es diferente, porque todos lo somos. Sueña con lo mismo que los demás, anhela la pureza y el amor como cualquier ser humano, y apuesta por lo que quiere y respeta. El amor no entiende de religiones, razas, edades, colores… es el invento más puro de la especie humana. Un cuento químico de olores y sabores irreconciliables, pero que nos lleva a perder la cabeza. Ella destila las esencias de sus pocos años, y los lleva a su cerebro, en él los analiza y discierne qué es lo que necesita y quiere, y qué le genera sorpresa cuando no desprecio.

Madre putativa de sus hermanos. Hermana pequeña de su padre y mayor de su madre. Mujer confiada en sus posibilidades, clara y alta, como las aras en las que apoya sus fuertes músculos para saltar sobre su verdad, que es la que sostiene y alimenta. Una vez más el llanto de la Bachata llega a mi cabeza… ¡Él, Ella no tiene la culpa! No podemos elegir ni la familia en la que nacemos, ni nuestra condición, ni nuestra alma… Somos la reencarnación de lo que un día quedó de nuestras energías, almas, espíritus, olores, sensaciones… Y la esencia, que es eso que todos tenemos y guardamos de los que queremos y admiramos, saldrá de Ella como en la rotura de una botella de cava o un chin de coñac, a presión, por derecho… No hay que elegir, hay que ser como uno es, y al que no le guste: ¡Que se joda! Yo soy yo, mis circunstancias y mis ciclas. Les quiero, les amo, les respeto. Les quiere, ama, respeta, consiente, ayuda, anima, huele, grita, apoya, besa, empuja… No se puede subir a los Lagos de Covadonga si no te acompaña la Virgen, tu Virgen, tu Princesita amada.

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