Oído

No hay peor sordo que el que no quiere oir

PAVESITA

Pavesita

De carácter movido, creado por el paso de la vida, de una vida dura y sin una meta clara. Autista de las realidades soñadas, y olvidadiza de las celdas de silencio que la vieron llegar. Sus huesos chocaban contra el frío suelo. Una niña le lleva la comida. Hace una larga cola y espera su turno. En una cacerola con tapa y ganchos lleva lo que puede para calmar el hambre de su madre.La sangre del padre, mezclada con la horchata llegada de Valencia, era floja tirando a nada.

Ella tuvo que lidiar con una vida de película. No subió, ni bajó, se mantuvo en una línea muy escasa de consumo de oxígeno, a veces, y otras, mezcla con gas alimenticio de quinqué. Tuvo que salir durante muchos años al corredor de la corrala en la que vivía a tender sus ropas y compartir el baño por piso. Un wáter que en su momento mejoró el agujero de marras. Así se vivía en Madrid, en el castizo de los Bulevares, y de sus plazas, hoy llenas de gentes distintas, que dan color a una zona que fue el centro de la chulería y el madrileñismo. ‘Hubo en España una guerra, que como todas las guerras, la ganase quien ganase, la perdieron los poetas’.

La perdieron los de siempre, el Pueblo. Porque detrás de la sombra del estraperlo y de sus cámaras funerarias franquistas, se escondía la realidad de mujeres que tenían que dar la cara en la calle para que los suyos pudiesen mal comer. Me acuerdo de este relato escuchado con atención de niño, porque me recuerda lo que están pasando los venezolanos, que no tienen ni una pavesita caliente que llevarse a la boca.

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