Gusto

El Gusto es una convención, el mal gusto una realidad

Virgen por un día

Tengo doce años, no me importa lo que piensen de mi. He conocido a Jorge y me ha vuelto loca. Sentía lo inimaginable en mi corazón, me había escrito un wat en el que me mandaba una foto de su miembro excitado. ¿Estás loco? Pero si tienes cuerpo y cabeza de mujer (y doce años)… Mis padres, como muchos, andan siempre que están juntos a la gresca.

Mi padre culpa a mi madre de haberse quedado embarazada de mi, mi madre dice que la engañó, y a ella sólo le preocupan las modas, las cremas, su puta celulitis, su culo colgandero… ¡Joder, ¿y yo? Mi padre se va a practicar golf con unos amigos. He ido al campo cuatro, o cuarenta veces, y a través de una AP espía ya he encontrado dónde va, con quién come…

Al principio quería ver quién era la mujer que se había atrevido a entrar en la vida de mi padre. Siempre le acompaña el contable de su empresa, que es un señor muy serio con cara de números… La putada es que es él de quien se ha enamorado mi padre. Y les sigo, y veo a mi padre reírse, mi madre sigue yendo a que la masajeen la neurona, sigue sin hacerse la enterada, y los cabreos y los palos me los llevo yo.

Hace unos meses, el psicólogo del juzgado les obligó a que me alejasen de su tortura. Soy una niña, a la que le encanta mentir, protegerme con todo lo que pongan a mi alcance, y continúo manteniendo relaciones esporádicas con chicos de veinte y hasta veinticinco años, mis padres no me pueden decir nada, porque el Estado nos ha dado el derecho a vetarlo todo. ¿Me cambiaré de sexo? Los de Podemos lo quieren aprobar, y será mi nueva amenaza.

Así estamos, y así nos va.

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