Gusto

El Gusto es una convención, el mal gusto una realidad

EL LORO, ESE LORO, UN LORO

Un loro, dos loros, tres loros… la tierra es una piedra, donde vivo yo. Un loro, dos loros, tres loros, los niños los vemos en televisión… la, lalala, lalalalalalalala… jajajajajaja… Mi amigo Horacio tiene un loro, y a él le gusta llamarle capitán Spock, el puto loro pasa, como os podéis imaginar, y lo único que hace es cagar todos los sofás, que Narnia por la mañana coloca y adecenta…

¿Por qué se va un loro? ¿Por qué nos abandona el loro? A una buena amiga, Juliana, se le marchó su querida lora porque quería encontrar un ambiente con menos amor y cordialidad. Los loros tienen muy mala leche, y no les gusta el chocolate, ni el de fumar… A ella, a India, a la lora, le gustaba la coca cola, hacerse guashas y tomar huevo revuelto al estilo perico colombiano… jajajajaja… Ahora estará en casa de una nueva familia que la llamará la bien llegada, e India echará de menos los mimos de la Juli.

Pero, no sólo de loros con plumas vive el hombre. Los hay desplumados por la situación y otros que ya no encuentran ni con qué tapar sus vergüenzas. No me apetece hablar más de loros, prefiero hablar de putas. Por eso, me voy a ver a mi urólogo que me tiene que recetar un reconstituyente para el cocinero. Él tiene una trompita succionadora debajo de la pila. Se la instaló el tal Milhaus que era colocador de hornos y cebollinos por horas. Un día estando con ella, me había llevado al parqueadero a violarme, le pregunté: ¿qué tiene mi deseado cuerpo que no tengan los demás? Y mirando a los ojos de uno que no estaba allí, me espetó: Corre, que vienen los amigos de mi marido a jugar al paddel. Menudo subluxación pletorial del túmulo masivo de músculos que se quebraban ante el esfuerzo de acordarse de cómo lo manejaba Onán. Al tiempo se casaron, tuvieron unos cuantos hijos y otras cuantas hijas, hasta llegar a 10.000 las llamaron las 10.000 hijas de San Luis, y así acaba la historia del pájaro que está en gloria…

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