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Cuando debuté como diabético me encontré con un mundo de irrealidades que iré contando poco a poco, y espero que mis vivencias sirvan a aquellos que se inician en el noble arte de vivir por los pelos.

Por ahí cuento cómo entré con pancreatitis en un hospital que tenía nombre de virgen. En la cabecera de la cama mi sorprendida madre, a los pies mi inquietante mujer, y en el centro mi encantadora amante. Genio y figura.

Corrí a una consulta de un médico diabetólogo del que no recuerdo el nombre, pero que era eminencia, eminentísima o algo así decían los palmeros. Era un cara dura que se había comprado un aparato para hacer TAC’s y el cachondo te lo hacía aunque te doliese el alma. Le mande a dar del cuerpo, y le pedí que me devolviese mi honra. ¿Para qué coño quería un TAC abdominal? Lo que estaba mal era mi páncreas endocrinológico, no el exocrino. Salí del hospital hacia Albacete a los dominios de Moncho Dani, un buen amigo por aquel entonces, que se preocupó lo justo, pero que me enseñó a pincharme. Bueno, técnicamente fue una enfermera, de figura juguetona, sonriente y amargada por una profesión que no les reconoce. Y él quedó como lo que es, un gran médico y un gran gilipollas. Me acojonó con la hemoglobina glicosilada de entonces, hoy los modernos la llaman glicada (influencia de las series de médicos y pajilleros), y se quedan tan a gusto, como Moncho.

Mi amigo (jajajajajaja…) me recomendó que fuese a ver a un compañero suyo del que obviaré el nombre, a ver si le van a regañar por recibirme en un hospital que no era el ‘mío’, el de zona. Le vi en uno que se llama como el rey emérito, y me pasó por pasillos, por medio del tanatorio, cafetería, buenas tardes… De repente llegamos a una salita con una silla, una camilla, un biombo con puntillas, unos armarios un poco de aquella manera, parecía una casa de los Gipsy Kings… Y me habló, y me habló, y me hablaba, y no paraba, y me contaba de sus hijos, de su segunda mujer, de la primera, de sus sueños… ¡qué pesado! Y, me pidió que dejase el tabaco. Él se comía una caja de Nicorette cada segundo, había cambiado la adicción a la nicotina fumada, por la ingerida… Eso es como cuando vas a ver al psiquiatra y no tiene uñas… de esos os puede presentar unos cuantos. Pase de él, y me fui a la Fundación Jiménez Díaz, y en ella una doctora que sabía más que nadie, pero que no tenía tiempo en la consulta, como privado, sí… jajajajajaj… ¡País!

Contaré miles de miles, pero me centro en nuestra SWA. Es una Asociación que se está dotando de una sede social, en la que poder atender a los enfermos de diabetes, y aquellos cuyas enfermedades se relacionen con el mundo de los AZUCARADOS. Su fin no es otro que divulgar, formar, apoyar nuevas iniciativas, buscar recursos para poner en manos de los diabéticos que no pueden pagar sus carísimos tratamientos. Algo que debería de estar al alcance de todos, como los avances cada catorce días de los parches ¡Deja de Pincharte! de ABBOTT…

Dentro de la Asociación estamos desarrollando cuatro áreas potentes, que tienen que ver con diabetes infantil, medicina hiperbárica, células madre, en la parte de disciplinas que pueden influir en nuestra mejora en la calidad de vida. Entrenamiento y formación de perros de raza pequeña para detección precoz de hiper/hipos. Perros sanitarios que pueden ayudarnos a pasar mejor las noches.

En tecnología, y para los pequeños diabéticos trabajamos para poner en marcha un Robot que les ayude a pincharse, y a recordar las tomas de medicinas y demás coñazos del noble arte de vivir por los pelos. Y en este mismo departamento naciente, vamos a seguir estudiando y desarrollando un reloj y una App para que dejemos de pincharnos, y así adelantamos a otros que nos están vacilando con parches de duración variada y de mediciones a puñados.

El nombre es ASOCIACIÓN MUNDIAL DE AZUCARADOS. La hemos llamado así, porque queremos quitarle los hierros a una enfermedad que sigue siendo mortal por sí, y por sus derivadas, que cada día afecta a una población más joven, y con la que tenemos que convivir. Porque NUNCA SE CURARÁ, su rentabilidad lo hace impensable e imposible. La propia OMS colabora en que esto se normalice a la baja, en breve serán diabéticos los que tomen un azucarillo en su café. Yo, NECESITO EL AZÚCAR PARA VIVIR, ¿Y TÚ?

A vuestra disposición.
pedro aparicio pérez presidente de la SWA

Qué podemos hacer por ti

He vivido una vida llena de sucedidos. Tengo cien años de vida en un cuerpo de escándalo... jajajaja... Llegué tarde al reparto, pero me quedó la esperanza de que mi cerebro fuese algo distinto, y lo es. Tengo una forma muy curiosa de interpretar la vida, lo que me ha hecho daño está guardado en una zona por la que me obligo a pasear. Lo que me hace feliz me acompaña y lo engrandezco. Y, como no tengo porque mentir os digo que soy en el buen sentido de la palabra bueno.

Mi vida con Tesla

Quien no conoce a Nikola desconoce el futuro.

Siempre he tenido en mi cabeza miles de ideas, no me dejan dormir, no me dejan vivir. Leo y veo qué va a pasar en el mundo. Los cambios, la realidad de lo que está por llegar. Me preocupa el futuro de mis Hijos y de las generaciones que están por venir. El hombre sólo será eterno cuando llegue a la Luna como el que va a la Puerta del Sol. Por ello llevo años investigando y soñando con un gran cable de carbono y células vivas que nos lleve hasta fuera de nuestra atmósfera y llegar allí… Me rompo las neuronas pensando cómo puedo mejorar la vida de los enfermos, de los crónicos, ancianos. Me obsesiona cambiar la imagen tan absurda que tenemos sobre la muerte. Estoy a un paso de emigrar y quiero dejar antes todo lo que he soñado y pensado, para que otros más hábiles lo acaben. Nicolás Tesla forma parte de mi cerebro y para celebrarlo, mi Hijo el pequeño se llama Nicolás Pedro. ¡Ahí queda eso!

 

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